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Letra Popurri Comparsa "los Peregrinos" (2017). Juan Carlos Aragón Becerra

Letra Popurri Comparsa "los Peregrinos" (2017). Juan Carlos Aragón Becerra








Cádiz lo tiene todo,
todo lo que se puede tener
que es lo mismo que nada,
el mundo a sus pies
y una vida montada,
montada al revés.
Y a cada jornada
la luna después
va por cada casa retirando
la miseria y colocando
una esperanza en cada barrio
nueva para la mañana.
Y al llegar la mañana
cogen a la miseria en el bar
y le sacan las tripas,
el aroma del mar
les devuelve la vida
y otra vez a cantar.
Una canción tan sentida
de salud y libertad,
símbolo de un arte sin medida,
el carnaval hecho arte,
el carnaval, su estandarte,
su religión preferida.
Y cuando los peregrinos
ponen el rumbo a la Tacita
presienten que caminando
van acercándose al paraíso,
cargando con la ilusión porque
mucho más no se necesita,
rezando los pasodobles
que con el alma el pueblo hizo.
Y cuando los peregrinos llegan
y pisan la tierra santa
comprueban que sin dinero
y más allá de clases sociales
los males del gaditano
desaparecen cuando los cantan,
que en Cádiz no hay dios que valga
mientras que duren los carnavales.
Oh, mísero quien
tenga por bien
no comulgar
con la religión
de esta ciudad.
Yo quiero ser
tierra y bastón
y a caminar.

Siete pecados son capitales
si le hacen daño al espíritu santo de los carnavales
pero el mayor pecado mortal
es ir al concurso con la exclusiva intención
de ganar.
La codicia de lo ajeno,
escribir por vanidad,
hacer lo mediocre bueno
y lo bueno de verdad
arrinconarlo para ver
si no se da cuenta la gente,
vaya a ser que lo convierta
en sublime y excelente,
mientras se premien historias
que ni el que las canta siente
por eso cualquiera llega aquí
más rápido y más lejos que el valiente.
Siete pecados son capitales
si le hacen daño al espíritu santo de los carnavales
pero el mayor pecado mortal
es ir al concurso con la exclusiva intención
de ganar.
Yo sé del poderoso grito de mi pueblo,
el grito de mi pueblo, un silencio cómplice
que no perfore el tímpano ni tronche el látigo
del banquero ladrón y el empresario mísero,
del ministro cabrón y el gobernante vándalo.
Y en medio del escándalo
su grito terrorífico
que ayer fue canto mítico,
hoy es silencio bárbaro
que inventa cientos de tragedias
imposibles para que
la gente olvide que la suya,
la suya es la única real.
Y eso nunca ha sido carnaval,
oh pueblo no,
mas tu humilde mérito y honor
no te lo quito,
pero aunque te duela te repito,
pueblo no,
eso nunca ha sido carnaval,
eso nunca ha sido carnaval.
Siete pecados son capitales
si le hacen daño al espíritu santo de los carnavales.
más rápido y más lejos que el valiente.
Siete pecados son capitales
si le hacen daño al espíritu santo de los carnavales.

Su belleza era tan pura
que parecía una máscara;
de lejos, una escultura,
de cerca, una mujer.
Su faro, un sacrilegio
para la luna más alta;
su playa era el patio de un colegio
de gaviotas al amanecer,
su bandera era la risa
en estado de alarma;
su idioma oficial, el habla
de un cuartetero castizo;
su himno, un pasacalles
con cuatro vientos en calma,
sus puertas de tierra eran
las de cualquier paraíso;
sus santuarios, todas
las casapuertas antiguas;
sus esquinas, iglesias
de trovadores de barrio;
su cruz, su propio pueblo
rodeando una barquilla
y cantando reliquias
de carnavales pasados.
Por más continentes que anduve
y ciudades que confundí
con la patria que no tuve,
en la que nunca nací;
jamás había visto una tierra
de piel, de carne y de hueso,
siempre creí que los poetas
exageraban en sus versos.
Ustedes también la necesitan
en el amor con que la plata,
a ustedes, ay, cualquiera se la quita,
la muerte a vivir sin la Tacita,
sin la Tacita de Plata.

Creo en ti,
oh todopoderoso carnaval de Cádiz,
creador del cielo inmenso de los pobres
y creador de la tierra como calle.
Creo en El tío de la tiza,
su hijo primero,
y en todos sus hijos, los otros,
los chirigoteros
que los concibieron por la obra y la gracia
del divino espíritu que el pueblo necesita,
el pueblo que aquí nació
de la virgen Tacita.
Creo en ti,
oh todopoderoso carnaval gaditano
que padeció el poder bajo tantos tiranos
hasta ser crucificado, muerto y sepultado.
Que desde lo profundo de los infiernos
resucitó al tercer siglo de entre los muertos
y ascendió a la Cruz Verde y allí está sentado
a la izquierda del Falla,
donde vive su reino,
pa' que la gente viva feliz
aunque no tenga gobierno.
Creo en el espíritu libre y santo,
en la iglesia de los compases celestiales,
en la comunión de la gente cantando,
en el perdón de los pecados inmorales,
en la resurrección de las caras pintadas de blanco
y creo en la vida eterna de los carnavales,
y creo en la vida eterna de los carnavales.